Las medidas que ahora se toman de urgencia, vuelven a penalizar, principalmente, a la clase media urbana profesional, independiente, microempresarial y a los dueños de las pymes, en un país que es 90% urbano. Nuevamente, una buena parte de la clase media es la que paga la principal factura de la casi bancarrota del país, sobretodo quienes no perciben un sueldo en el sector privado o en el estado y que viven directamente del «clima» del mercado.
Los analistas hablan inclusive de un proceso
histórico de «downsizing» de este bloque social
que es la base de la estabilidad de las democracias capitalistas
- la Argentina, un país típico de clase media, experimentó la
reducción de la misma, del 75% al 45% de la población
en 30 años. Los analistas independientes coinciden en el mismo
diagnóstico - la ilusión
argentina de «país rico» tiene que terminar, el país
tiene que volver a la tradición de los abuelos inmigrantes y a la «rentabilización» de
sus activos culturales e intelectuales, que subsisten a pesar de las razias provocadas
por las dictaduras.
El país sólo saldrá adelante si apuesta al emprendedorismo
y a reforzar su clase media - se lee en los artículos de opinión.
El problema es que la clase política y
sindical hace oídos sordos.
La competencia política desenfrenada con vista a las elecciones presidenciales
del 2003 (o anticipadas) y la agitación sindical que ya comenzó,
sólo arrojan más leña al fuego. Los más pesimistas
temen que se genere el peligro de un golpe no militar, con el ascenso de una
demagogia autoritaria como ocurrió en el Perú en 1990 con Alberto
Fujimori, o en Venezuela en 1998 con Hugo Chávez. Los más optimistas
esperan que el FMI y los españoles den una mano, cuándo y en qué condiciones
draconianas es el gran interrogante.
Em português: O fim da fantasia argentina
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