En El día que me quieras, coprotagonizada con la actriz mexicana Rosita Moreno, da a conocer tres tangos que se convirtieron en referentes ineludibles de su repertorio en otras tantas escenas memorables: Volver, Sus ojos se cerraron y, por supuesto, El día que me quieras. Este último tema causó un fuerte impacto en su momento.
En su película Nitrato d´argento (1996), el director italiano Marco Ferreri recrea la reacción del público frente a esta escena[xv]. También han quedado para el recuerdo otras imágenes de este filme de Gardel, donde aparece un niño que desde hacía varios años vivía en Nueva York con sus padres: Astor Piazzolla.
El futuro gran bandoneonista argentino tuvo varios contactos con el Mudo en los Estados Unidos, quien en algún momento quiso llevarlo de gira.
La negativa de los padres de Piazzolla y el accidente de Medellín frustraron estas intenciones.Tango Bar, filmada en Long Island en febrero del '35, tuvo el mismo director y compañera de elenco que la anterior producción, con un espíritu mucho menos trágico. El reparto de este filme contó con la presencia del actor Enrique de Rosas, aquel con el que el Morocho había hecho algunas presentaciones teatrales en la década del '20.
Más allá de la muerte de Gardel, es probable que Tango Bar hubiera sido de todas maneras su última película en el exterior."Siempre se vuelve al primer amor". Si bien todos los largometrajes protagonizados por Gardel son de producción extranjera, el estreno de los mismos en la Argentina supuso un tremendo impulso para la cinematografía nacional. En su Historia del cine argentino, Domingo Di Núbila afirma que estas películas constituyeron "un factor que contribuyó decisivamente a popularizar al cine sonoro argentino de los primeros tiempos"[xvi].
Es seguro que Gardel no ignoraba esta situación. Tras finalizar el rodaje de Tango Bar, inició una gira por Latinoamérica luego de la cual pensaba volver a Buenos Aires para hacer cine. Al conocer las dificultades de mantener la identidad del arte nacional en el exterior, quería construir "grandes estudios cinematográficos para hacer películas en coproducción"[xvii]. También había firmado un contrato con los estudios Lumiton para hacer un filme a las órdenes de Manuel Romero, aquel guionista de Luces de Buenos Aires que ya se perfilaba como uno de los directores más populares del cine argentino.
La tragedia de Colombia impidió este retorno, pese a lo cual la película se hizo de todas maneras, con un joven Juan Carlos Thorry en el papel protagónico. Las vueltas del destino -y acaso de la comercialización- hicieron que El caballo del pueblo se estrenara una semana antes que Tango Bar.
Mucho se ha discutido sobre la aptitud actoral de Carlos Gardel. Mona Maris afirmaba que él "era consciente de que tenía muchas dificultades como actor y lo confesaba sin pudor"[xviii].
Perfeccionista en todas sus actividades, el Zorzal buscaba progresar en sus actuaciones cinematográficas pero a veces chocaba con circunstancias que escapaban de su control. "Trabajando con artistas creo que yo mismo estaré mucho mejor. Vos no te imaginás lo terrible que es hacerlo al lado de principiantes que acaban por achicarlo a uno, cuando yo tengo necesidad justamente de que me agranden... ", contaba el Mudo en una carta a su apoderado Defino[xix]. Sin embargo, no habría que buscar la calidad como actor de Gardel en sus apariciones en cine. Como cantante era un intérprete completo.
Su talento
no estaba sólo en la voz, sino en su capacidad para expresarel
sentido de los versos entonados.
Esta virtud fue destacada por Discépolo
en los cortos de Morera, donde afirma que Gardel canta en forma "admirable" su tango Yira yira porque ha comprendido el profundo significado
de su letra. En cada tema que cantaba, el Mudo volcaba sus cualidades
vocales, a la vez que hacía gala de una marcada interpretación
del texto. Una muestra de esto es el tango Siga el corso, donde
cambia el tono de voz para encarnar a los dos personajes que protagonizan
la historia. Era un artista que debía captar la honda significación
de la obra para poder expresarla.
Es por esta razón que no quería cantar en otro idioma, pese a que lo hizo en algunas
oportunidades.
"Como voy a cantar palabras que no entiendo,
frases que no siento" decía cuando se lo quería
convencer para vocalizar en inglés[xx]. Los diferentes directores que Gardel tuvo en el cine no supieron aprovechar estas dotes.
No pudieron trasladar a las escenas no cantadas a ese gran intérprete que aparecía en los temas musicales, como -por ejemplo- en el desgarrador lamento de Sus ojos se cerraron. Si el Séptimo Arte no supo rescatar toda su dimensión interpretativa, sí debemos agradecerle que hoy podemos apreciar, en imagen y sonido, el arte incomparable del Zorzal criollo.
