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Tahar Ben Jelloun, un escritor de Marruecos en su laberinto

| Marcelo Sierra | 27.Octubre.00 |

Desde 1955 Jelloun vive parte del año en Tánger y parte en París. Sus primeras publicaciones fueron selecciones de poemas, como "Cicatrices del sol", "El discurso del camello", en los cuales  ensaya una escritura que reúne los mitos ancestrales, las leyendas magrebíes  con los problemas sensibles de la sociedad contemporánea.

Estas preocupaciones alcanzarían un desarrollo sistemático en sus trabajos en prosa, que ponen en escena temas tabú y seres excluidos de la palabra y que hacen emerger un lenguaje prohibido, en relación con el cuerpo, la sexualidad o la situación de la mujer. Haciéndose cargo, además, de la rica tradición árabe para construir una historia, sus relatos se dejan gobernar por los desórdenes de la memoria y la insubordinación de la imaginación, y se alejan del esquema de la novela tradicional. Así, desde sus primeras narraciones, "Harrouda" y "Moha el loco, Moha el sabio", el lector se enfrenta no sólo a la violencia erótica sino también a las dificultades de una escritura compleja que dificulta toda interpretación lineal.

Los textos de Ben Jelloun se convierten de ese modo en una reflexión constante sobre las posibilidades de contar y extienden los límites de la forma novela, acercándola a los relatos orales, transmitidos de boca en boca, y a la poesía.

"El Niño de Arena" y "La Noche Sagrada" de Tahar Ben Jelloun (Cara y seca de una novela) Estas narraciones, publicadas en 1985 y  1987 respectivamente constituyen en realidad las dos versiones de una misma historia, inspirada a Ben Jelloun por un hecho real. Un cuentista profesional, que asegura poseer el diario de la protagonista, nos cuenta su historia, la cuenta a un auditorio que respiramos, en una plaza de Marrakech:

"Esta historia tiene algo de la noche; es oscura y sin embargo rica en imágenes; debería desembocar en una luz, débil y suave; cuando lleguemos al amanecer, seremos liberados, habremos envejecido una noche, larga y pesada, un medio siglo y algunas hojas  blancas desparramadas en el patio de mármol blanco de nuestra casa de recuerdos."

Es la historia de Ahmed, la octava hija de un padre que decreta, para evitar perder la herencia familiar (en la tradición musulmana sólo los hombres podían heredar) que su hija mujer será un hombre. El padre organiza su vida minuciosamente y la niña es presentada, anunciada y educada como varón. Hasta la circuncisión es simulada:

"Y el niño creció en una euforia casi cotidiana. El padre pensaba en la prueba de la circuncisión. ¿Cómo proceder? ¿Cómo cortar un prepucio imaginario? ¿Cómo no festejar fastuosamente el pasaje a la edad adulta de ese niño? ... Raros fueron los que remarcaron que el padre tenía un vendaje alrededor del índice de la mano derecha. Lo escondió bien. Y nadie pensó que la sangre derramada era la del dedo."

Ahmed parece aceptar su transfiguración y desalojar la femeneidad de su cuerpo y llega a casarse con su prima, pero después de la muerte de su padre y de la esposa, inicia un largo itinerario que le harán, poco a poco, redescubrir que es una mujer. Varias versiones de ese recorrido son enunciadas por diferentes narradores, que aseguran haber sido testigos de la historia, y el destino del hombre-mujer desemboca siempre en pistas confusas. Tahar Ben Jelloun recurre incluso a un escritor genial, ciego, con bastón, encargado de una biblioteca en Buenos Aires. El lector adivina que se trata de J. L. Borges: 

"He venido, portador de un mensaje. Fue una mujer, probablemente árabe, en todo caso de cultura islámica, quien se presentó un día  ante mí...En esa época no estaba aún ciego; mi vista bajaba enormemente y todo me aparecía borroso y sombreado. No puedo por lo tanto describir el rostro de esa mujer."

En "El niño de arena", finalmente,  la vida de Ahmed  parece terminar en una serie de círculos que nunca cierran. "La noche sagrada" llama como testigo al propio Ahmed para que dé su versión de la historia, el mismo público de la plaza de Marrakech la designa para tomar el lugar del narrador ausente 

"Ahora que soy vieja, tengo toda la serenidad para vivir. Voy a hablar, depositar las palabras y el tiempo. Me siento un poco pesada. No es por los años que pesan más, sino por todo lo que no ha sido dicho, lo que he callado y disimulado. No sabía que una memoria llena de silencios y miradas podía convertirse en una bolsa de arena que vuelve la marcha difícil."

Ahmed cuenta que, antes de expirar, su propio padre llegó para confesarle su secreto, el porqué del simulacro, las razones sociales y culturales que lo empujaron a transformarla en un hombre. Y que el cuerpo travestido le había permitido establecer una complicidad singular con ella:

"Cuando la partera me llamó para constatar que la tradición había sido respetada, vi, no imaginé ni pensé, sino vi entre sus brazos un muchacho y no una chica. Ya estaba poseído por la locura. Nunca vi en ti, en tu cuerpo, los atributos femeninos. La ceguera debía ser total."

Después de esta confesión, Ahmed-Zahara conoce una profunda soledad y atraviesa distintos momentos iniciáticos.  La historia permanece indecisa entre la novela y el cuento, deslizándose de lo real hacia lo extraño y maravilloso, recorrida por microrrelatos al margen de su lógica, en los cuales el sueño, la fabulación y el delirio son presentados también como la verdad. Y el personaje descubre que su identidad, más allá de la sexual, es la de ser el corazón de una narración que construyen los otros: el padre, la tradición oral árabe, Tahar Ben Jelloun.

Y hasta el mismo Borges. "Mi historia era mi prisión, y el hecho de estar encerrada en una célula gris por haber matado a un hombre era secundario. Dondequiera que fuese, transportaría mi prisión como una caparazón sobre la espalda. Allí habitaba y sólo me quedaba habituarme. Este aislamiento me ayudaría  tal vez a cortar uno a uno los hilos tejidos a mi alrededor por ese destino oculto. Era una caja cerrada, depositada en un hangar estrecho y sellado." 

"EL niño de arena" "La noche sagrada" fueron editados por "Península"

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Fuente: Tuxys

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