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Heitor Villa-Lobos: un maestro brasilero poco convencional

| Cristina Mejía | 20.Marzo.01 |

Villa-Lobos escribió óperas, ballets, música de cámara, música para coros y piezas de piano sin haber tenido estudios académicos formales, pero liberado de las pedantes restricciones musicales de la época, con su propia estética.

«Villa-Lobos era una persona extraordinaria. No parecía un compositor. Usaba largas camisolas, fumaba cigarros y siempre tenía la radio prendida, escuchando las noticias o la música de moda. No era una persona refinada, en el sentido intelectual del término, pero tenía un gran corazón», dijo Juliam Bream, quien interpretó genialmente su música para guitarra.

Heitor Villa-Lobos, o Tahú, como lo llamaban de chico, nació el 5 de marzo de 1887 en la calle Ipiranga, en el barrio de Laranjeiras, Rio de Janeiro. Mientras su padre, Raúl trabajaba para la Biblioteca Nacional y como músico amateur, su madre, Noemia, criaba a los niños y cuidaba la casa.

Todos los domingos en lo de Villa-Lobos, un grupo de conocidos músicos de la época se reunía para tocar hasta altas horas de la madrugada. Esta costumbre, que duró varios años, influenció de manera decisiva a Villa-Lobos. De muy joven comenzó a estudiar. A los seis aprendió a tocar el violoncelo de su padre con una viola especialmente adaptada.

También fue una época en que, gracias a su abuela Fifinha, comenzó a conocer y a estudiar a Bach. Este compositor fue la fuente de inspiración del ciclo Bachianas Brasileiras.

A pesar de haber nacido en Rio, Villa-Lobos residió con su familia en varias ciudades del interior y en el estado de Minas Gerais. Durante esas estadías estuvo en contacto con diferentes tipos de música, a las que estaba acostumbrado a escuchar: modas caipiras (canciones folklóricas) y canciones folklóricas para guitarra, con las que más tarde se haría conocido.

Cuando llegó a Río después de sus viajes quedó totalmente encantado con los «choros», grupos de músicos que se reunían regularmente por el placer de tocar en las calles y para las fiestas de carnaval. Esto lo llevó a estudiar guitarra a pesar de que sus padres se opusieron a que se reuniera «con ese tipo de músicos» que eran considerados casi delincuentes para la época. «Un pie en la academia y te transformarás en lo peor. Mi música es natural, como una catarata» dijo el compositor por ese entonces, al defender su estilo.

Más tarde, cuando su padre murió, Noemia no pudo controlar más a su hijo.
A principios de los ‘20, Villa-Lobos comenzó a componer un ciclo de 14 trabajos llamados «choros». Había nacido una nueva forma, donde la música urbana se mezclaba con las más modernas técnicas de composición.

Empezó a viajar a través de Brasil. Visitó los estados de Espíritu Santo, Bahía y Pernambuco, donde pasó algún tiempo en las plantaciones de caña de azúcar investigando el folklore local.

Más tarde recorrió el Norte, el Noreste y la región del Amazonas, durante tres años. Pero lo interesante era que en todos los lugares donde vivía recogía un corpus local de música, que más tarde le serviría para algunas de sus composiciones como «Uirapuro» y en sus trabajos como educador a través su Guía Práctica.

Villa-Lobos apareció por primera vez oficialmente, como compositor, en una serie de conciertos en Río de Janeiro. En ese momento estaba casado con la pianista Lucila Guimaraes y se ganaba la vida, mientras componía, tocando el violoncelo en teatros, cines y orquestas de Río de Janeiro. Pero su debut no fue bueno ya que los periodistas especializados lo criticaron duramente.

«No escribo piezas disonantes para ser moderno. Absolutamente no. La forma en que escribo es una consecuencia cósmica de los estudios que he realizado», dijo el compositor en un intento por defenderse de los ataques de la crítica del momento.

«Me interesa lo que superficialmente no parece artístico. Por eso mi primer libro fue un mapa de Brasil, un Brasil que fui ‘peinando’ en mis viajes, ciudad por ciudad, estado por estado, bosque por bosque, penetrando en el alma de la tierra. Después, la personalidad de la gente de esa tierra. Continué comparando mis estudios con las composiciones extranjeras y encontré algo capaz de apoyar y sostener mi personalidad y mis ideas», agregó.

Villa- Lobos se mantuvo siempre en contacto con las modas europeas y se interesó en del movimiento modernista que tuvo su sede en San Pablo, al participar de la Semana del Modernismo, en febrero de 1922 con su trabajo Danzas Características Africanas.

A pesar de que ya era muy conocido en los círculos musicales de Brasil, Villa-Lobos fue convencido por sus amigos de viajar al Viejo Continente en 1923. En menos de un año, con su fuerte identidad, fue aplaudido en forma unánime por los europeos. Un grupo de amigos lo ayudó con los gastos y lo presentaron a Max-Esching Publicaciones, al pianista Arthur Rubinstein, a quien había conocido en Brasil, y a la soprano Vera Janacopulus, quienes tocaron en varios de sus recitales en diferentes países. En 1924 volvió a Rio.

Unos años más tarde regresó a París, para organizar conciertos y publicar varios trabajos. Hizo muchos amigos y varios renombrados artistas lo visitaban en su casa para comer las típicas «feijoadas» de los domingos. Durante su segunda estadía en la capital francesa ganó prestigio internacional, tocando sus composiciones en recitales y conduciendo orquestas en las principales capitales europeas, siempre haciendo impacto y provocando controversia.

En la segunda mitad de 1930, Villa-Lobos fue invitado a dar una serie de conciertos en San Pablo. En ese momento no imaginaba lo que le podía deparar su corta estadía en Brasil: presentó un programa revolucionario para enseñar música en los colegios que fue inmediatamente aprobado por el gobierno.

En 1931 organizó un grupo coral con representantes de todas las clases sociales. Casi 12 mil voces cantaron. Luego, gracias a su gestión, se incluyó el canto por primera vez como materia dentro de la escuela.

Como consecuencia de su trabajo educativo viajó en zepelín a Europa, para participar de un congreso de música. Con el apoyo del entonces presidente Getúlio Vargas organizó grupos corales gigantescos, algunos con unos 40.000 chicos.

A pesar de que en un principio Villa-Lobos se negó a viajar a Estados Unidos por cuestiones políticas durante la Segunda Guerra Mundial, finalmente fue convencido por su amigo al que conoció en París, Leopold Stokowski, de visitar el país del norte.

«Iré a Estados Unidos sólo cuando los americanos quieran recibirme como lo harían con un artista europeo, por sus propias cualidades y no por consideraciones políticas», dijo Villa-Lobos.

En 1944 aceptó una invitación del maestro Werner Janssen para realizar un tour por ese país. A partir de ese momento, retornó varias veces a Estados Unidos, donde ejecutó sus obras, ganó premios y mantuvo contacto con grandes músicos americanos.

Villa-Lobos murió de cáncer el 17 de noviembre de 1959, en Río de Janeiro, pero siempre es recordado como una gran persona que sabía, ante todo, disfrutar de la vida. Esto, que es lo que podemos apreciar en su música, es lo que lo hará perdurar.

Algunas de sus obras más famosas son:

  • Las Bachianas Brasileiras, creadas entre 1930 y 1945 en honor a Johann Sebastian Bach. Son nueve suites inspiradas en el músico. Escuche "Ária (Cantilena)" y "Tocata (O Trenzinho do Caipira)"
  • Los 12 Estudios para Guitarra, dedicados a Andrés Segovia.
  • Los 6 Preludios para Guitarra, que fueron ejecutados por primera vez en Montevideo, en 1943, por Abel Carlevaro.

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Fuente: Tuxys. Fotos y música: Museu Villa-Lobos

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