Euridídice: Por supuesto, la mujer no es una categoría fija. En el postfeminismo no existen las categorías fijas aunque, como somos más brujas que vírgenes, somos capaces de crearlas para poder hacer funcionar nuestra magia.
Deb Margolin: No le doy mucho crédito al postfeminismo. En la involución feminista que fomenta el postfeminismo participan mujeres jóvenes, algunas de las cuales han olvidado que tenemos que esforzarnos por conseguir derechos que son naturales para los hombres, y que estar siempre alerta es el precio que hay que pagar para poder definir y mantener esos derechos. Algunas de esas mujeres simplemente han olvidado olvidaron todo eso, y no se dan cuenta de los aspectos verdaderamente sucios del trabajo que se ha realizado para cambiar el mundo en que vivimos, como, por ejemplo, para lograr el derecho de las mujeres a estudiar medicina. Lo que quiero decir es que las cosas más básicas que una generación de mujeres da por supuestas, sólo se han conseguido sacrificando el matriarcado. O sea, que el activismo cayó en una especie de trance. Sólo porque de repente ya tenían algunos derechos, estas mujeres olvidaron que aún estaban a mitad de camino y que no podían dar esos derechos por sentados. La forma más sencilla con que el matriarcado se gana a las mujeres, es a través de afirmaciones como: 'Bueno, ya puedo estudiar medicina', 'Bueno, el Club Yale me va a admitir', o 'Bueno, es ilegal que mi jefe me meta un billete de 5000 en el bolsillo para tener derecho a meterme mano'. Nunca se han dado cuenta de las tareas de apuntalamiento que hacen falta para mantener el trabajo que ya se ha realizado.
Debemos recordarles de qué va la lucha y asegurarnos de que no se vuelvan a olvidar. Por culpa de haber bajado la guardia, de ese estado de relax en el que se sumergió a una generación de mujeres, casi hemos perdido el derecho a elegir, y hemos perdido terreno en el tema del aborto. Se han dado por sentadas una serie de libertades que en realidad están en peligro. Creo que esto está impulsándolas de nuevo. En lo que respecta a la evolución del postfeminismo, he de reconocer que se había olvidado hasta cierto punto que el matriarcado aún está a nuestro favor, y este olvido ha provocado un retroceso en el feminismo, haciendo que a la gente deje de gustarle el término.
CAE: Como el feminismo, el postfeminismo no es monolítico,
ni en la teoría ni en la práctica. No se podría construir
un modelo de lo que es ser postfeminista que contara con la aprobación
de la mayoría de las personas que se identifican con la categoría
en general. Sin embargo, sí se pueden más o menos identificar
algunas de las principales variedades de postfeminismo que existen. La tendencia
dentro del postfeminismo de la que más hemos estado hablando, y la que
más a menudo vemos en acción es lo que yo llamaría el
'postfeminismo retrógrado'. Esta tendencia está constituida generalmente
por quienes hacen apología de la identidad y las funciones femeninas
tradicionales y desean regresar a un discurso sexual y una puesta en práctica
de éste con divisiones claras y rígidas que no se puedan transgredir.
Pero hay otros movimientos, como el del 'feminismo monotemático', que,
aunque simpatiza con la mayor parte de la crítica feminista, cree que
las principales tendencias del feminismo han perdido el rumbo al tratar algún
tema en particular que este tipo de feministas considera de especial importancia
(el tema problemático en cuestión puede ser de muy variada naturaleza).
Por ejemplo, aquellos que se identifican con la categoría 'pro sexo'
son representantes de esta vertiente. Este tipo de feminista 'pro sexo' piensa
que el feminismo, en su empeño por poner fin a la violencia contra las
mujeres (en particular a violaciones y abusos sexuales), ha renunciado a las
medidas de consolidación de la liberación y emancipación
de la mujer, y se ha puesto en manos del estado proteccionista (es decir, el
propio patriarcado). Por ejemplo, las leyes civiles contra el acoso sexual
(que a menudo se perciben como un medio de controlar la expresión sexual
de la clase media, y de perseguir a los hombres y mujeres maleducados) y las
leyes en contra de la pornografía que defienden algunos sectores feministas
son consideradas medidas antisexuales que refuerzan el poder del patriarcado.
Algunas feministas que no desean que se las relacione con proteccionistas se
han rebautizado como postfeministas.
María Damon: Quizás para reflexionar sobre el 'postfeminismo' sea útil dejar de considerar el prefijo 'post' (de postrromántico, postilustración, postmoderno, postcolonial) como indicativo de una ruptura con el término que le sigue, y pasar a verlo como indicativo de una genealogía que sugiere una revisión o un fuerte parecido familiar. Por lo general, sin embargo, 'post' es un prefijo que induce a error error, aunque con sus provocativos efectos puede promover debates históricos productivos (como suelen decir los nativos americanos y canadienses: '¿Qué quieres decir con`POST' colonial? A nosotros nadie nos dijo que se había acabado'). El término 'feminismo de tercera ola', que rescata parte de la historia del movimiento, es quizás más exacto, aunque, por supuesto, hay mujeres que opinan que la propia etiqueta 'feminista' es incómoda de llevar, no sólo porque los hombres de sus vidas se sentirán amenazados por ella, sino porque la palabra en sí no hace sino cosificar una identidad sexuada específica.
CAE: El postfeminismo heroico. Se define por su principal preocupación: el tema del sujeto del feminismo. Sus miembros suelen expresar dos críticas fundamentales, aunque los aspectos que resaltan varían mucho. En primer lugar está la preocupación por definir el sujeto del que se ocupa el feminismo. Creen que hasta ahora todas las definiciones han excluido algunos grupos de población que caen dentro de la categoría de lo femenino. Un ejemplo claro nos lo proporciona el feminismo de principios de los setenta, en el que la definición del sujeto del que se ocupa el feminismo sugería que se trataba de una mujer blanca y heterosexual, por lo que quedaban excluidas las minorías raciales y las lesbianas. (Aún no se ha hallado una solución a este problema que satisfaga a la mayoría de los sectores minoritarios). La segunda crítica es que el sexo no se puede separar por completo de otras variables sociales, tales como la raza, la etnia o la clase. Referirse a una preocupación social llamándola 'tema de la mujer' se considera una reducción ingenua, cuando no peligrosa, que tiende hacia la universalización del sujeto, universalización contra la que el feminismo dice luchar. Por tanto, este grupo se dedica a idear estrategias de acción social para la resistencia que no dependan de una determinación anterior de la identidad. Esta línea de investigación es muy reciente pero ya ha generado impresionantes resultados.
María Damon: Finalmente, diré que hay otro grupo, las 'ciberfems de la utopía futurista'. Esta categoría es quizás una ramificación del postfeminismo heroico. Este sector cree que el aparato (la Red) y el espacio social (el ciberespacio) necesarios para llegar a una acción social que prescinda totalmente del sujeto ya han sido creados, y que sólo hace falta que las cibernautas de categoría femenina saquen partido de estas nuevas posibilidades. La mente femenina incorpórea, libre de un cuerpo marcado sexualmente, ya puede lograr una realización total para sí y para su representación en el entorno virtual al que se accede a través de la tecnología. Las ciberfems son enemigas juradas de todo aquel que intente importar anacrónicas historias carnales al ciberespacio, y se burlan de quienes se mesan los cabellos preocupados por la posibilidad de que se dé una violación virtual (o sea, las feministas del Estado proteccionista). Ni que decir tiene que muchos críticos culturales las consideran un pelín optimistas y ligeramente miopes. Sin embargo lo que les pueda faltar de sofisticación en la teoría lo compensan con creces con la osadía y clarividencia de sus actividades prácticas.
CAE: Bueno, puedo imaginarme a mí misma escuchando el término 'postfeminismo' y pensando: 'Debe ser un curso de universidad del que nunca he oído hablar'. Pero el propósito de la universidad es hablar de ideas que vamos a necesitar en el futuro. Como concepto fuera de la universidad por lo general lo vemos como 'lo de todos los días', o sea, lo opuesto. En el contexto académico el tema puede ser mucho más complejo. Ponerle el prefijo 'post' a algo no significa 'en contra de lo que había antes'.
Lynn Flipper: No estoy segura de lo que significa exactamente el postfeminismo, pero creo que Tribe 8 es una especie de encarnación de lo que mucha gente denominaría 'postfeminismo'. Es decir, el grupo entero estaría de acuerdo en que durante los setenta el feminismo estuvo en manos de unos cuantos artistas y portavoces seleccionados que no representaban a casi ninguna comunidad normal de mujeres. Creo que nuestro grupo empezó rebelándose contra el antiguo estilo de feminismo, pero no creo que fuera porque no nos identificáramos como feministas, sino porque éramos de generaciones diferentes, ya sabes. A medida que el feminismo fue evolucionando y salió a la esfera pública y artística, había algo de lo que desmarcarse y cada generación digamos que se fue rebelando y dedicándose a su propio rollo, pero siempre identificándose como feminista. Pero creo que lo peor de los setenta fue que la representación del feminismo era muy blanca y de clase media, probablemente por los medios de comunicación más que otra cosa.
Ann Hamilton: Una vez que hablé con la canguro, me dijo que ella entendía el postfeminismo como un rechazo al feminismo en el sentido de que trata de crear un lugar para la mujer fuera del sistema patriarcal, y de que las mujeres encuentren su propio territorio, y pensé: '¡la definición perfecta!'.
Kiki Smith: Hay muchos de estos términos con los que no me identifico.
Guerrilla Girls: Bueno, si piensas en el postfeminismo como en un pluralismo -del mismo modo que lo postmoderno representa el pluralismo dentro del arte-, si el postfeminismo es una forma pluralista de ver el feminismo, entonces quizás estemos en un momento postfeminista porque, en efecto, existen muchas maneras de percibirlo. Por ejemplo, ahí tienes a las mujeres de los finales de los sesenta y de principios de los setenta, que siguen siendo mujeres vitales. No se las ha llevado el viento.
Y luego están las mujeres de finales de los setenta y de los ochenta a las que no les importaba el feminismo pero que se beneficiaron de él, y más tarde las de los noventa que son feministas pero que tal vez aún no habían nacido cuando empezó esto, y por tanto su forma de concebir el feminismo es distinta a la de aquella época. Llegado el fin del milenio, las mujeres se perciben de modo distinto a como se veían las mujeres de los de los sesenta y setenta. Así que yo creo que el término 'postfeminismo' se puede aplicar para englobar las distintas maneras de percibir el feminismo, pero no creo que se pueda aplicar si ello significa decir que los objetivos del feminismo se han alcanzado y que hemos avanzado a una etapa de postfeminismo.
Euridídice: La mujer tradicional, incluida la feminista, es la sólida ancla, la roca inamovible que permite a la humanidad hacer lo que hace (cazar, desear, conquistar, volverse loca) porque sabe que nunca se perderá. Esa mujer es la red de seguridad, la depositaria del sentido común, la Iglesia Católica, la garantía de longevidad de la especie. En otros contextos también es la manzana de la discordia. Es la mujer contra la que nos rebelamos por fuerza, si tenemos un carácter rebelde. Esa mujer no puede 'ganar'. La literatura de mujeres aún no ha superado completamente esa idea de lo que es ser mujer, aunque la teoría acerca de la mujer (un terreno lingüísticamente más seguro) ya lo está consiguiendo. El postfeminismo ha venido a cubrir esas necesidades.
Ann Hamilton: Estos términos se convierten en una percha. Y entonces te limitan mucho, y se convierten en la forma de experimentar la obra, en vez de ser un método de abrirte a la experiencia de la obra de arte. Cuando creas, estás intentando hacer que la gente se centre en sus propias experiencias de la obra, no en cómo se ha hecho. Si ven la obra a través de etiquetas se cierran a muchas otras cosas.
María Damon: Yo misma tengo dificultades con mi propia 'posición' de un día para otro, de un contexto a otro. Cuando me empiezo a sentir molesta acerca de mi desigualdad económica con los hombres de mi entorno laboral, también me doy cuenta de que, aunque la mayoría de los hombres del mundo tienen más que las mujeres, yo tengo más que casi todos los hombres del mundo, MUCHO más que la mayoría de las personas, en todos los aspectos. A veces veo esto como algo obsceno, y a veces lo veo como: 'cuando consigo una subida es una victoria para todas las mujeres del mundo', etc. Los dilemas acerca de los temas de la reproducción y de las relaciones también se manifiestan: ¿Se puede considerar como algo noble el mantenerse al margen de la economía de reproducción y convivencia y renunciar así a las evidentes ventajas sociales y económicas de la vida en pareja (tanto heterosexual como, aunque de modo más sutil, del mismo sexo)? ¿Cuánto o qué significa realmente adoptar la postura de intruso con el fin de mantener una perspectiva 'legítima' para la crítica social?
Deb Margolin: Sencillamente creo que es un artificio. La palabra en sí y lo que implica es artificial. Y no sé lo que esto significa para el postfeminismo. La idea de definir algo según aquello a lo que sigue es como llamar postadolescencia a la crisis de los cuarenta. A ver, ¿qué significa? Para mí no tiene contenido. Quizás si no tuviera imaginación aceptaría la palabra, o si no hubiese más represión. Se tendrían que cumplir esas dos condiciones para que la palabra significara algo para mí.
Lynn Breedlove: Hace como diez años que no voy a la universidad, que era cuando empecé a notar que el término se estaba utilizando mucho. Para mí es un término algo vago, pero lo que parece indicar es que el feminismo ha terminado hace poco. No estoy de acuerdo. El feminismo empezó hace cientos de años. Las mujeres llevan mucho tiempo escribiendo ensayos acerca de los derechos de la mujer y luchando por ellos. Empezó con las mujeres de las clases privilegiadas, y luego se trasladó a la clase media en los sesenta.
Euridídice: Ya no nos interesan los favores especiales, el consejo de las revistas de mujeres ni los hombres sensibles. Damos por supuesto nuestro poder e igualdad, y nos centramos en el placer de estar vivas en el milenio. Pero el postfeminismo no es en modo alguno antifeminismo. En gran parte es el resultado del feminismo, emerge de él, y, a pesar del espíritu travieso con el que trata a sus progenitores, no pierde de vista la historia. Porque, en efecto, el sexo todavía es un problema en muchos aspectos. Es nuestra decisión no tratarlo como un problema, y en ello radica nuestra libertad. A medida que jugamos, irremediablemente vamos construyendo una nueva historia.
Deb Margolin: La evolución tiene que ver con la fobia de la gente hacia los derechos de la mujer.
CAE: La palabra 'Post'feminismo en sí, en fin, suena como algo que se negaba a ser feminismo. Me parece realmente sospechoso que el término lo use tanta gente, porque para mí el feminismo no es algo que sea necesario trascender. Nunca llegamos a alcanzar el feminismo. El problema es que parece que el feminismo, según la perspectiva más generalizada, es una actitud que dice: 'las mujeres son mejores que los hombres'. A mí nunca me lo ha parecido, para mí significaba que las mujeres debían tener igualdad de oportunidades en todos los aspectos. Olvidémonos de la biología, hablemos de derechos humanos. Las tendencias más populares del postfeminismo parecen decir: 'Un momento. Nos equivocamos. Quizás los hombres sí son mejores en esto, tienen aquello más grande...'. No quiero oír ningún argumento basado en la historia de la evolución, que es lo que me temo que voy a escuchar cuando la gente menciona el postfeminismo.
Guerrilla Girls: Aún creo que hay una especie de involución, especialmente en el mundo del arte, ya sabes, en el entorno laboral. Ni siquiera me refiero a la fortaleza emocional, sino a un nivel muy práctico, si te valoran o no, si te tratan como a un ser humano. Inmediatamente, por el hecho de ser mujer se te trata como si valieras menos de lo que vales en comparación con tus colegas masculinos que se encuentran al mismo nivel que tú en tu carrera profesional. Me desarrollo como mujer en el mundo del arte pero a pesar de ello la mujer sigue ganando menos a todos los niveles (menos dinero, menos fama, menos reconocimiento, menos de todo) y en el mundo del arte no puedes poner un pleito por discriminación porque tratamos con algo arbitrario. El negocio declara: 'No es mi problema, Yo sólo hago lo que el mercado dicta'. No hay valores.
Ann Hamilton: Aun así, yo estoy mucho más alejada de un contexto académico de lo que solía estar y evito en la medida de lo posible las etiquetas. Suscribirse con firmeza a un término en particular no suele funcionar. Se trabaja demasiado con categorías. Y no entiendo el término lo suficientemente bien como para adaptarme a él. Por ejemplo todo el mundo me pregunta '¿Eres postmoderna?' Es el mismo tema, les digo: '¿Puede alguien explicarme claramente de qué va eso?'
Euridídice: No sé cuál es la definición 'popular' del postfeminismo. Me pregunto si ya ha estado en la portada de la revista Newsweek. Mi 'definición' es que el postfeminismo es nuestra reacción a unas cuantas generaciones de feministas que siempre han discutido sobre la definición de feminismo, sobre el debate genética-educación y el debate hombres malos-patriarcado malo. Ya no nos interesa librarnos de culpa. Nos declaramos mujeres y gozamos siéndolo, y hasta aquí llega mi definición. Es un baile abierto al público, entre otras metáforas.
CAE: No necesito que haya unas leyes que prohíban el abuso sexual en el trabajo. Me puedo proteger a mí misma sin ayuda de una legislación que fuerce a las personas a comportarse como deben. Aquí se están aprobando leyes que hacen de la etiqueta algo obligatorio. Si un tipo me da problemas en el trabajo, ya me encargaré yo de él. Supongo que hay algunas mujeres que no se sienten capaces de luchar y necesitan esas leyes, pero es que no están funcionando. La gente se cree que la ley les va a proteger, es absurdo. Estas leyes nos están separando de nuestras relaciones. Quizás se pretende imponer un cierto decoro. Yo he sentido esa imposición toda mi vida. Nunca me he comportado de un modo femenino. Cuando era una cría me portaba como un chico adolescente. Era divertido. La ley se crea para imponer un sistema de valores con el que no estoy de acuerdo. No niego que exista el abuso sexual, pero las leyes no son la solución.
Deb Margolin: En cuanto alguien en el mundo se porta mal, o al menos lo que yo considero que es portarse mal, siempre reflejo ese comportamiento dentro de mí, para ver que parte de mí se comportaría así. Realmente creo que somos puntos en los que se encuentran todas las manifestaciones de la experiencia humana. Así que, por ejemplo, cuando alguien dispara a otra persona, estoy segura de que una parte de mí podría haber hecho lo mismo. Para comprender ese comportamiento, me miro a mí misma. Hay muchas cosas de las que resulta muy difícil librarse, ciertas formas de autodefinición que son mejores que las de otras personas, y que cuando te piden que dejes de ser tú misma delante de otra gente, tu ser íntegro se derrumba. Es la historia de la raza humana. Es muy triste.
Euridídice: Un pequeño ejemplo que ilustra la razón por la que me considero postfeminista: me gusta mantener a mis personajes femeninos al margen de los intereses románticos o de otro tipo, ya que el amor es un discurso empleado para controlar a las mujeres, y las heroínas han sido romantizadas a la perfección. Así que pongo mucho énfasis en otra característica de mis mujeres, llegando a lo grotesco incluso, para así librarlas de las expectativas y de las rígidas normas de conducta. América es un país muy dado a las diferencias extremas, en ello radica tanto su condena como su libertad. En mi trabajo no hay mártires maternales ni mujeres con una causa y una bandera.
Kiki Smith: Creo que quizás utilizo materiales diferentes: papel, telas, textiles, una forma de pensar muy artesanal. Como el papier-maché, que no es un material específicamente para mujeres pero es una técnica menor, para niños. Las mujeres suelen estar asociadas a menudo con lo menor.
Deb Margolin: Mi hija juega con cochecitos mientras que mi hijo quiere que críe animales. Me mola la diferencia entre los sexos. Disfruto con ello. Creo que es muy sexy. No me jodáis, dejadme en paz.
Ann Hamilton: No creo que mi obra atraiga como espectadores más a las mujeres que a los hombres. De lo que se trata más bien es de si un individuo quiere o no dedicar tiempo a investigar las experiencias contenidas en el trabajo. No está necesariamente relacionado con el sexo. Lo que sí me pasa es que cuando doy conferencias se me acercan mujeres jóvenes que me dicen que han estado pensando en las mismas cosas.
CAE: Mi trabajo va más allá de la problemática de la identidad. Intento expresar que no hay una narrativa femenina y otra masculina, sino narrativa a secas. Nunca me ha gustado la idea de tener que hacer patente la diferencia. Trascender ha sido siempre mi verdadero deseo. No creo que los verdaderos problemas se encuentren en las diferencias entre los sexos. Los problemas entre hombres y mujeres son equivalentes a los de una persona que consume demasiadas drogas. Me interesan menos ese tipo de problemas que otros con los que me he topado, problemas de sistemas de valores diferentes. Quizás temas de ética, problemas de lealtad, amistad, traición, pero nunca vistos desde la perspectiva de la sexualidad. La política sexual no tiene nada que ver en esto.
Kiki Smith: Soy marginal, pero en un sentido privilegiado, en el que cada aspecto de la vida alberga grados niveles de marginalidad o de no marginalidad. No quiero que se me clasifique como persona marginal a secas.
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