Cuenta el Mito que el Sapo vivía preocupado porque tenía en su campo un claro rival, frente al que no tenía chances de sobrevivir: La Serpiente, símbolo del nacimiento constante, de la renovación, del desprendimiento de lo muerto, que en cada nuevo ciclo cambia su piel como en un nuevo nacimiento.
Mientras esta se moviera libremente, el Sapo, símbolo de lo lento, lo viejo, que vive en el pozo, con su piel rígida y durísima, caería siempre vencido frente a ella. Pero, según la leyenda, el Sapo echó mano de un recurso mágico, que funcionó de un modo devastador. Hizo salir de su boca una baba con la que fue encerrando a La Serpiente en un Círculo. Cada vez que la Serpiente intentaba pasar el borde, el Sapo, aterrorizado, escupía mas baba. Y La Serpiente, literalmente, rebotó siempre contra ese límite. Una vez encerrada ahí, se acomodó a vivir dentro del Círculo que el Sapo le trazó.
El final de la historia es siempre el mismo: La Serpiente, representante de lo nuevo, muere dentro del circulo que El Sapo, representante de lo viejo, le traza con su boca. Los mitos enseñan a través de narraciones que se mantienen en el tiempo porque contienen la misma estructura que la psiquis humana. Esta imagen tan fuerte y estructural que aparece representada en el mito del Sapo y la Serpiente es la misma que nos constituye como humanos.
¿Cual es el equivalente de este Mito en nuestra cultura?
Para que alguien nazca, es preciso darle un lugar. Primero se le da un lugar en el pensamiento, luego en la familia, en el espacio físico, en la sociedad. Se le da un nombre y se va construyendo en el una forma de pensar, una estructura. Un círculo donde habitar y dentro del cual moverse. Así, va aprendiendo de Otro como es el mundo, lo que está bien y lo que está mal, lo que se debe y lo que no se debe y fundamentalmente lo que se puede y lo que no se puede. Va aprendiendo como debe ser. Va aprendiendo como debe SER para ser aceptado en el mundo de ese Otro. Para ocupar, en definitiva, lo que se nombra como Objeto del deseo de Otro.
Un círculo dentro del cual moverse, desde donde
mirar el mundo y negociar con el. A veces grande, a veces pequeño.
Pero siempre un círculo donde SER eso que el Otro, casi siempre
amorosamente definió.
Dentro del círculo todo está permitido: lograr conductas que le permitan ser mas o menos feliz, tener mayor o menor reconocimiento social, llenarlo de personas y de cosas que le hagan la vida mas cómoda y que se convertirán además en su círculo de relaciones.
"Que se te de" dice un augurio de buena suerte. No que lo alcances por tu propio deseo.
Si tiene un problema, interroga al mundo desde dentro del círculo. Si tiene que negociar lo hará desde ese mismo lugar . Y así trata de resolver los problemas que ese mismo lugar le crea. Pero sin salirse de él.
¿Y si la Serpiente encontrara un modo de atravesar el Borde del Circulo?
En épocas de crisis, como la actual, para la mayoría de las personas no es fácil atraer lo necesario al círculo. Y en este sentido la crisis aparece encarnando el doble significado que le dan los chinos a esta palabra: peligro y oportunidad. Peligro de que si nos quedamos dentro de los círculos que nos han trazado en muchos casos no podremos sobrevivir. Oportunidad en el sentido de que la crisis nos obliga a intentar salir del circulo, ampliar nuestro mundo y crear espacios propios... Pero para eso hay que desafiar al Sapo.
¿Y, dónde se oculta el Sapo, y desde ahí teje el círculo de baba en el que quedamos atrapados sin saberlo?
¿Y de qué está hecho en nuestra realidad cada punto de ese Círculo de muerte que traza el Sapo?
De palabras: Baba que sale de la boca en forma de palabras para encerrar a sus presas diciendo "no podes"; lengua pegajosa que adhiere todo "lo que puede" con un solo fin: asegurarse su propia subsistencia. Y, dato de vital importancia, cuanto mas tiempo pasa, esa baba se hace mas invisible pero mas poderosa, tal vez lo segundo a consecuencia de lo primero: más poderosa cuanto más invisible".