Barcelona no tiene términos medios. O se la ama, o se la odia (y si no, pregúntenle a un madrileño...). Lo cierto es que la capital de Cataluña reúne significativas diferencias que armonizan en un todo cosmopolita y localista a la vez.
En primer lugar, no se puede dejar de ver la obra de uno de los arquitectos más grandes de todos los tiempos y que ha dejado en Barcelona su sello inconfundible: Antoni Gaudi.
Su obra cumbre es, sin duda, la Sagrada Familia. Por una de sus torres circula un ascensor que sube hasta 90 metros y, para los que tengan ánimo, se puede seguir subiendo por una empinada escalera caracol, les puedo asegurar que la experiencia (si resisten el vértigo) es impresionante.
El templo tiene tres fachadas monumentales: la del nacimiento de Cristo, la de la Pasión y Muerte y la de la Gloria, que es la mayor y la que mira hacia el sur. El conjunto de torres de cada fachada simboliza a los doce apóstoles y la cúpula que corona el ábside, a la virgen.
El muro del ábside está rematado por originales estilizaciones vegetales y animales. La fachada de la Pasión y Muerte están dirigidas por un grupo de arquitectos que se inspiran en el proyecto original de Gaudí.
No menos interesante es visitar el obrador adyacente a la obra en el que se puede el trabajo de los obreros (varias mujeres trabajando en esto) en la preparación de los moldes.

La Rambla de Caputxins, donde puede verse el Hotel Oriente, antiguo colegio de Sant Bonaventura (siglo XVIII) y conserva la estructura del convento con su claustro.
El tramo inferior es la Rambla de Santa Mónica, paseo amplio, sin arboleda en el que puede verse, entre otras muchas cosas, la iglesia parroquial de Santa Mónica, con su notable claustro barroco y el Palau March, edificio del siglo XVIII sede actual del Departament de Cultura de la Generalitat y centro de exposiciones en el que hay un mercadillo de artesanías todos los fines de semana.
Muy cerca (no más de tres cuadras), se llega al 'Cuadrado de Oro', sector de la ciudad de extraordinario valor arquitectónico y por el cual se llega a La Pedrera, otra de las obras imperdibles de Gaudí.
Finalmente, para cumplir con el genial arquitecto, debemos visitar el parque Güell, la ciudad jardín, hoy parque público, construida entre 1900 y 1914 y contemplar, desde ella, una vista panorámica de la ciudad. El parque fue otra de las obras encomendadas a Gaudi por el conde Eusebi Güell.
En el parque está la casa que Gaudí ocupó hasta su muerte.



gárgola de fachada
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